Vuelva Mañana

Pocos conocerán en realidad el artículo que Mariano José de Larra publicó en El pobrecito hablador hace cerca de doscientos años. En este país hay quienes han escrito más libros de los que han leído. Pero cualquiera ha podido repetir en alguna ocasión, cuando se ha dado de bruces contra la burocracia, aquello que el inversor francés del relato de Larra exclamaba cuando lo derivaban de una ventanilla a otra: “¡Qué país, qué gentes! He querido empezar mis gestiones, y a todo el mundo que he hablado, me ha respondido lo mismo: ‘Vuelva usted mañana’”.

“¿Quiere usted saber lo que es España?”, reflexionaba Larra. “Vaya usted a cualquier oficina pública. —Vuelva usted mañana. ¿Quiere usted registrar una escritura? —Vuelva usted mañana. ¿Quiere usted hablar con el ministro? —Vuelva usted mañana. ¿Quiere usted que le den un destino? —Vuelva usted mañana. ¿Quiere usted que se acabe el expediente? —Vuelva usted mañana.”

¿Hemos cambiado? Algunos dirán que mañana por pasado mañana; pese al incremento de recursos y los avances tecnológicos. Pero esta percepción de inoperancia, tanto de la burocracia como de nuestras instituciones —al margen de estar distorsionada por las malas experiencias— es la negación de las estructuras que hemos asumido para que una sociedad funcione.

Apunta Harari que las sociedades tribales, que carecen de documentos escritos, operaban con los mitos controlados por los líderes carismáticos y grandes oradores. En cambio, la burocracia permite interpretar los códigos a todos los ciudadanos; nos iguala y protege.

Sin embargo, mientras los mitos son vistos con cierta fascinación, la Administración —como torpe gigante abstracto— suscita rechazo y pereza. Pero nuestra supervivencia como sociedad y nuestros derechos dependen de la integridad de sus instituciones. Son ellas las que custodian y gestionan nuestras reglas, las que también deben trabajar por nuestro progreso y bienestar.

Por eso debemos tenerlas identificadas, conocer cuáles son sus competencias y acudir a ellas para resolver nuestros asuntos, los complejos y los cotidianos.

Ahí radica la importancia y utilidad de directorios como el que tiene en sus manos: un registro de direcciones, nombres y contactos para que pueda desenvolverse mejor en la sociedad de la que forma parte. Las claves y las herramientas para que vuelva mañana. Porque es en estas ventanillas donde le ayudarán a resolver sus problemas.